La Necesidad del Perdón

Muchas personas con buena intención, han aconsejado al superviviente a simplemente perdonar. Se les ha asegurado que sucederá una curación instantánea de sus emociones.

Desafortunadamente, no siempre es el caso y cuando no hay evidencia de tal curación milagrosa, estos consejeros rápidamente señalan que la persona herida es sin duda la responsable por no perdonar correctamente. Para el superviviente se convierte en un círculo vicioso de culpabilización.

¿Cómo liberarte de esos rencores en tu vida, provocados por ese abuso sexual? Cuando sufres abuso te causa heridas emocionales que te lastiman, pero también pueden causar un profundo resentimiento, odio, rencor o amargura. Muchas veces la idea de desquitarse o vengarse puede cruzar la mente de la víctima. Pero es necesario que comprenda que en realidad la mejor manera de sentir alivio no es la venganza, sino el perdón. Es uno de los remedios más poderosos que puede encontrar para ser libre de esa herida, de esa amargura. “Te perdono, renuncio a vengarme de ti, suelto las cadenas que te atan a mí, te dejo ir...”

Es importante que el superviviente comprenda que el primer beneficiado al perdonar es él o ella mismo/a. Cuando perdonas tus sentimientos dejan de ser presa de la persona que te lastimó. El perdón es un acto de la voluntad. Siempre existe una falsa sensación de castigar al agresor mientras mantenemos el odio y la sed de venganza vivos. La sensación de que perdonar es algo totalmente injusto es muy comprensible. “¿Cómo se va a ir el agresor de rositas?” Sin embargo, durante muchos años el agresor ha sido la fuente de toda la problemática del superviviente.

Bono, cantante de la banda irlandesa U2, decía en uno de sus conciertos: "No nos convirtamos en el monstruo para derrotar al monstruo". Bastante nos ha robado ya el agresor con el daño que nos hizo en el pasado, como para encima permitirle que amargue nuestro presente y futuro, tiñéndolo de odio y rencor. Esos pensamientos y sentimientos correspondientes son tóxicos, no nos hacen bien.

Cada vez que la persona abusada recuerda el pasado con dolor y resentimiento, el abuso se repite en su mente, en sus emociones. Muchas veces el agresor ni siquiera es consciente de la desdicha que ha provocado en el superviviente. Cometió el abuso, se satisfizo a sí mismo y hoy vive como si nada, quizá ni recuerda el abuso mientras que el superviviente sufre las consecuencias que le hacen desdichado. Es tiempo de dejar de vivir en el pasado. Hay que liberar al agresor. No porque merezca nuestro perdón sino porque anhelamos ser libres.

También es importante que el superviviente comprenda que el perdón no obliga a la reconciliación con el agresor. Es verdad que todo perdón tiene como finalidad ideal la reconciliación y restauración de la relación. No obstante en casos de abuso el daño hecho es muy profundo y no se puede pedir al superviviente que restaure la relación con el abusador.

En algunos casos, en los que después de ser confrontado el agresor por la víctima, éste haber pedido perdón y demostrado frutos de arrepentimiento, ha sido posible una restauración de la relación, pero son casos raros.

No siempre es posible (el agresor puede haber ya fallecido), incluso en ocasiones no es recomendable el confrontar al agresor y expresarle el perdón (hay supervivientes que sienten pavor ante la idea de volver a ver a su verdugo). Se puede hacer en el corazón y en la mente y compartirlo con un consejero o amigo. Recomendamos expresarlo escribiéndole una carta.

No se trata de eximir la responsabilidad del agravio cometido, de ninguna manera, el agresor es responsable y si es necesario, debe ser denunciado y merece un castigo penal. Incluso aunque terminara en la cárcel, eso no significaría que no se le haya perdonado. Perdonar no significa que no se haga justicia.

Tengo amigos a los que no les gusta la idea de "perdonar" al abusador, porque para ellos perdonar va ligado a un sentimiento. Para ellos, perdonar es para aquellos con quienes quieres restaurar una relación. Piensan que lo necesario es liberar voluntariamente al abusador de tu mente y emociones. Tienes que dejarlo ir, sin alimentar su memoria con odio o amargura. Personalmente, creo que perdonar es lo mismo, dejar ir. Pero puedo entender que para algunos supervivientes, perdonar suena como algo que no es justo y pedir demasiado. Evitemos perdernos en los términos. Lo importante es entender que tenemos que dejar ir y liberar a la persona que nos lastimó. No perder nuestro tiempo ni recursos emocionales en odiar ni guardar rencor.

“Perdón es una difícil palabra para la mayoría de los supervivientes de abuso, con frecuencia usada como un látigo, insistiendo en que maduren y ‘dejen atrás el pasado’. En ocasiones incluso un abusador podría utilizarlo y decirle lo malos/as que son por no perdonar. El látigo puede ser también interno, con el superviviente acusándose a sí mismo/a. El resultado de todo esto es que la palabra perdón puede causar alergia y repulsión. Trabajando con personas abusadas necesitamos comprenderlo y ser cuidadosos en la manera en que hablamos acerca del perdón. La palabra perdón en el griego, proviene de la raíz ‘liberar’. Si continuamos poniendo nuestro enfoque sobre el abusador continuaremos atados a él. Liberar significa que podemos enfocarnos hacia el futuro, centrarnos en nuestras propias elecciones, incluso aunque el abusador se niegue a admitir lo que hizo, o reste importancia a la responsabilidad que tuvo con lo que realmente pasó.” (Teo van der Weele. From Shame to Peace)

Debemos ser extremadamente cuidadosos en presionar en exceso a un superviviente con este tema. Hay casos en los que se tarda meses, incluso años en el proceso de sanidad antes de que reúnan suficiente voluntad para dar el paso de perdonar. Con toda nuestra buena intención podemos hacer aún más daño. No culpabilicemos aún más al superviviente. Intentemos mostrar el profundo beneficio personal que puede producir el perdón. Perdonar libera tu vida de seguir guardando rencor y desintoxica tus emociones. Perdonar es un acto con el que cuidar de ti mismo/a y tomar las riendas de tu presente y de tu futuro. El pasado pierde su poder "petrificante" y sin esa carga en la espalda podremos caminar erguidos/as con el orgullo de un/a precioso/a ser humano lleno/a de dignidad.

Joel de Bruine