Hablando de Confinamiento…

Tan metida estaba en mi rol de víctima, que no podía evitar ser el centro del mundo. Tan alerta en defenderme de las agresiones presentes, que sin saber evitarlo, convertía pequeños pellizcos en grandes golpes. Tan enfocada en interpretar las señales de traición en los gestos y miradas que, sin darme cuenta, estaba ciega a los afectos y el calor humano.

¿Se puede sujetar el agua con las manos? ¿Me vale la pena seguir encerrada en esta torre de marfil y ver pasar la vida multicolor desde mi balcón? ¿En realidad, me protejo o me agredo petrificando mi corazón?
Cierto que ahí fuera sigue habiendo monstruos que dan miedo y virus fantasmagóricos que no se ven. No te lo voy a discutir.
Sin embargo, aislarme también me va a robar la vida y, bastante ya me robaron en el pasado, como para permitirle a esos ladrones de poca monta, robarme también el presente.
Llevo tiempo dándole vueltas y he tomado ciertas decisiones. Cambiaré este confinamiento auto impuesto y acudiré a un hospital del alma dónde poder, por fin, cicatrizar. De ahí pasaré a la escuela de los supervivientes (me han hablado muy bien de ella) dónde junto con otras valientes, aprenderé nuevas técnicas no ya de superviviente, sino de alguien que exprime la vida y bebe de su jugo. Me haré grande, hasta el punto en que los puñetazos que antes me derribaban, se conviertan en el golpeteo de una débil lluvia.
Y entonces pondré mis pies en las calles del mundo real. Saldré a escena con todo lo ensayado. No estaré sola. Quizá, de vez en cuando tenga que pasarme por el hospital del alma pero, eso es algo que le puede pasar ya a cualquiera que esté ahí afuera. No me convertirá en alguien débil ni tendré por qué sentir vergüenza.
Las grietas en los  muros de mi casa se convertirán en cobijo, donde pájaros de compasión podrán hacer sus nidos. Mis abrazos serán cómo dinamita que hará pedazos las barricadas que amordazan la voz de los que han sufrido. Mi sonrisa será como un amanecer, que alumbrará este mundo con esperanza.

¿Qué voy a tener días malos? Ya lo sé. No pasa nada. Esos días te pediré que me abraces y me sonrías.

Joel de Bruine