Testimonio de Vanessa – Todavía queda mucho camino por recorrer, pero es más fácil, haciéndolo juntos.

Los abuelos, no hacen esas cosas, me dijo una niña, cuando se lo pregunté. Así, es como me enteré, de que las cosas que mi abuelo me hacía, que no me gustaban, me
dolían, no se hacían a las nietas.

No recuerdo, cuando fue la primera vez, no sé si la recuerdo todas, lo que si se, es que las que recuerdo, las recuerdo perfectamente.

Cada violación, cada tocamiento, cada beso repugnante que me daba en la boca, cuando me decía que le cogiera el pene y moviera mi mano, mi manita de niña pequeña, en un pene de hombre adulto, cada vez que lo pienso, me muero de asco.

Pero él no fue el único, sí el que más duró en el tiempo.

El segundo agresor nos llevó a su hermana pequeña y a mí de paseo. Sentó a su hermana al lado y, mientras me violaba, ella miraba todo el tiempo. Esto me hace pensar, que ella también fue víctima de él, que lo fue, con tan solo estar mirando. Con el tercer agresor yo tenía 8 años y él unos 16, yo accedí , a cambio de que me regalara unas cosas, por aquel entonces, yo creía que eso era normal, desde que tengo uso de razón, lo viví en mi  carne. Mis dos primas, que más adelante me dieron la espalda, estaban allí, mirando la escena.

Mi abuelo , paró cuando yo tenía 12 años, ya tenía la regla y cuerpecito más semejante al de una mujer, que al de una niña, y a él , eso ya no debía gustarle. Degenerado…

Con 16, ya creía que todo había pasado, me acostaba con todos los hombres, con los que me me daban un poco de atención. Pasaba de mano en mano, era la puta de 16 años, que a todos les gustaba follarse. Así conocí al cuarto agresor. Yo pensaba que teníamos una especie de relación, pero no era así, él sólo quería follar, aquel día yo no quería. Era un chico musculoso, que no aceptó un no por respuesta, me bajó los pantalones y empezó a violarme, yo le decía que parara , que no quería y me hacía daño , él me contestaba, que me estaba gustando, que lo veía en mi cara. Cuando terminó, me dio un beso, y me dijo que se lo había pasado muy bien, yo quería morirme, había sido mi “culpa” , ahora te aguantas, me dije.

A los 17, ya me estaba volviendo loca, constantemente , el suicidio planeaba por mi cabeza, me hacía marcas en los brazos, me sentaba en la ventana, fumaba mis primeros porros. Al fin, después de una llamada a casa de mi abuelo, diciéndole a mi madre que no lo iba a ver nunca, que no lo quería nada, me armé de valor y lo conté, solo lo de mi abuelo. Mi madre, lógicamente, se lo contó a mi padre, él era hijo de mi agresor, nunca olvidaré la cara de mi padre, blanco, ido, su padre, quien en su niñez, le hizo pasar un infierno (era un padre agresivo, manipulador, cruel) , le había hecho esa cosa tan horrible a su propia hija. Desde aquel día, nunca volvió a ser el mismo. Casi toda la familia me dio, nos dio la espalda, toda una comunidad también. Me criticaban, señalaban con el dedo, mira esa, lo que está haciendo a su pobre abuelo, que mentirosa, se está imaginando una película, solo quiere dinero , menuda sinvergüenza …

El resto de mi vida, fueron desastres, malas decisiones, algún acierto y una vida cargada de traumas, conociendo a las personas equivocadas.

Cansada de dar explicaciones, de ocultar parte de mi vida, empecé a buscar asociaciones, de víctimas de abuso sexual infantil, así conocí “Crisálida” allí todo el mundo me entiende, todas y todos, pasamos por cosas iguales, no tengo que dar explicaciones, es increíble, poder conocer personas que de verdad, te entienden, encontré mi lugar, con personas a las que admiro y quiero. Todavía queda mucho camino por recorrer, pero es más fácil, haciéndolo juntos. Nunca me había planteado ser activista en este tema, en nuestro tema, de tantos y tantas personas. Ahora no puedo parar de pensar en cómo poder ayudar a que otras personas puedan ver las señales para que los niños y niñas, dejen de sufrir estas cosas tan horribles, que te matan en vida.

Ahora somos una gran familia, donde nos apoyamos, nos ayudamos, nos aconsejamos…

Gracias “Crisalida” por ser el pegamento, que ha conseguido esta unión, que me ha dado esperanza, herramientas, por cambiar mi punto de vista en muchas cosas.

Vanessa